Perdidos en un robusto cañaveral, dejándose acariciar por sus toscas hojas, ardían de pasión nuestros cuerpos desesperados, no nos importaban los testigos que nos miraban; La luna miraba fijamente, haciéndose indiferente, como tu, gran hombre que jamás pudiste descifrar mi corazón ardiente, las estrellas que brillaban al compás de nuestros gemidos, el frío viento de un tímido invierno que se tornaba caliente con fuego que emanaban nuestros cuerpos.
Oh gran hombre! ironía del destino, no supiste descifrar mis suspiros, no entendiste el lenguaje de este cuerpo que en el momento fue tuyo y el tuyo quise hacer mio......
Y.G
Y.G

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